LAS CORRIENTES: EL ALMA DE GALÁPAGOS El Pulso del Océano Por Francesco Turano
- sologalapagos
- 10 jul 2025
- 2 Min. de lectura

Para comprender verdaderamente Galápagos, es necesario mirar más allá de la tierra y centrarse en un punto fundamental sobre el cual todo gira: su posición geográfica y las corrientes marinas que se deslizan entre las rocas volcánicas. Corrientes que se alternan, se encuentran, se mezclan y moldean ambientes y temperaturas. Cada día.
Mucho antes de la llegada del hombre, las llamadas «Islas Encantadas» fueron el hábitat exclusivo de una fauna terrestre y marina que supo adaptarse gradualmente a aquellas difíciles condiciones. Y pudo hacerlo gracias al mar y a sus corrientes. Porque solo las masas de agua en movimiento del Pacífico, al transportar plancton vegetal y animal, pudieron crear las bases de un ecosistema único y frágil. Este mundo creció pieza por pieza, especie tras especie, tanto en el mar como en la tierra, alimentado por la abundancia del fluido salado.
Como «punto caliente» volcánico, el archipiélago es considerado una de las zonas más activas de la Tierra. Su relativo aislamiento, debido a la distancia del continente (casi 1000 km), y la amplia variedad de climas y hábitats ligados a las corrientes marinas, llevaron a la evolución de numerosas especies endémicas de animales y plantas. De su observación, Charles Darwin extrajo la inspiración para su teoría de la evolución y el origen de las especies.
Esta encrucijada oceánica de una belleza sobrecogedora es bañada por no menos de siete corrientes distintas, de las cuales cuatro son las más importantes e influyentes: del este llegan la corriente de Humboldt y la del Perú; del oeste, la corriente de Cromwell; y luego, la corriente del Golfo de Panamá. Un fluir de aguas diversas en constante movimiento, motor de la vida no solo marina, considerando que muchas especies terrestres están parcialmente adaptadas al agua por cuestiones vitales y que la fuente primaria de nutrición parte siempre del mar.
Todo lo que está relegado al territorio interior de las islas permanece, siempre y en todo momento, dependiente del mar; y de sus corrientes.
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